Movimiento inicial. Libertad pan de la Vida.


Desde hace bastante tiempo tengo el proyecto de poder armar un blog, para hacer andar por donde halla interés cosas que por ahí ya no quiero acopiar, cuando verdaderamente ya no me pertenecen.En este día a día lleno de interrogantes, y de opiniones este parece un lugar bastante apropiado para comenzar a decir, y a decirnos cosas. Desde ese rincón del alma, de esa hora incierta que siempre es una página en blanco, tener un lugar donde poder llegar a compartir.Acumulo en archivos artículos, poemas, cuentos, impresiones, y muchas ilusiones de poder trabajar en este blog.Cansado de comentar libros para sitios de reseñas, harto de artículos para medios de prensa digitales, y con un sabor de que tengo que quebrar lo anterior me lanzo a esta tarea.

¿Que cosas habrá en este blog?, para arrancar el intento de mostrar trabajos de un eterno escritor re - escritor. Opiniones de temas de la realidad, críticas, comentarios de libros, músicos, fotos, y por ahí alguna película.

¿Que decir? vivo de lo que conmueve, y eso espero lograr con el blog. Expresar cosas, algo parecido al pan de la vida, en lucha eterna por libertad.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Puchos.

Nunca se sabe lo que nos deparará el futuro. Era una noche más en la vieja esquina del barrio, especie de templo consagrado a la reunión de sus fieles.
El cordón de la esquina lucía limpio y frío; oficiaba de mostrador de algún que otro vino pendenciero, que se nos metía a grandes tragos, calentando al triperío y alegrando el alma.
Doña María ya había cerrado la celosía de su ventana, con bronca, como todas las noches que nos encontrábamos allí, usurpando su privado, pero público espacio. Todos ya sabíamos que luego se sentaría frente al televisor, con algún plato de sopa crema, que el médico le habría recetado, conjuntamente con algunas pastillas, que serían el último esfuerzo de la medicina, por liberar a una ínfima parte de la humanidad de sus consabidas quejas.
La noche oscura demarcaba el terreno de la esquina, dándole a la misma el tinte de intimismo que favorecía a la barra. Sorpresa mayúscula fue ver a Lucía resurgir de las tinieblas, vomitada como un madero por el mar, a causa de una impredecible tormenta. Todos miraban desconfiados a la silueta que iba surgiendo, paulatinamente, sin prisa; se codeaban disimuladamente avisándose de la extraña visita. No había necesitado mirar mucho, para darme cuenta de que era ella la que venía. Preparé un pucho para recibirla, mientras me incorporaba.
Su beso me tomó de sorpresa. La mejilla parecía desconfiar de que fuera ella. Tomó el primer cigarrillo de aquella cajilla de Nevada, que no supo si debía encadenarse con todas las anteriores, o sí debía ser la primera de una nueva
cadena, en su corta vida de veinte efímeros episodios. Parecía un poco desconfiada, se sentó en su viejo lugar en el cordón, entre Joaquín y Hernán.
Sus vaqueros lucían desgastados en sus glúteos, de los bolsillos surgía su documento de identidad, apretado y destruido, conjuntamente con algunos pocos billetes, tan viejos como nuestro peor olvido, que apenas se dejaban ver.
¿Cómo se habla con las personas que el tiempo nos devuelve y que ya creíamos descartadas?. Pensaba en esta interrogante como puntapié para iniciar una conversación, que no surgía. Como sucede siempre cuando no aparecen temas de los cuales hablar, se retoman los buenos recuerdos de tiempos pasados, que siempre permiten la unión, bromas, y finalmente caras de alegría con leves tintes de melancolía, que son unas de las expresiones que más adoro en cualquier rostro.
Sus rulos se movían alternativamente, atenta a la conversación, y a lo que pasaba a su alrededor. Retomaba su exclusividad, de ser la única mujer que participaba en las reuniones de la barra.
La hostilidad del comienzo, se había diluido. Habían desfilado por nuestras lenguas, algunos de los episodios más interesantes que habíamos pasado juntos, la noche en la comisaría, la primera borrachera, el cumpleaños número quince de Lucía, donde no quedó un solo invitado sobrio, ni siquiera ella misma.
Los gatos desfilaban por las veredas, en busca de aventuras que les darían un pretexto para sus múltiples siestas diurnas, en los sillones soleados de las casas del barrio, frente a las estufas a leña.
No me miraba, ni siquiera de reojo. Tampoco me dirigía la palabra, simplemente me ignoraba.
Saqué otro pucho y se precipitó sobre la caja, pensé para mis adentros:
-hace años que no nos ve, me traicionó, no me habla, y fuma de mi cajilla , no seré un boludo.
El vino giraba en torno a la ronda, ya era hora de ir pensando en el baile, tomarse las del estribo, y arrancar a caminar, sin pensar en lo difícil que sería el regreso al transitar la madrugada.
Uno a uno se fueron marchando, todos con diferentes destinos. Al final quedamos Lucía y yo. Abrí nuevamente la cajilla de cigarros, quedaban solamente dos, recostados tímidamente sobre un costado de la caja, sin saber que hacer. Ella nuevamente se precipitó sobre la cajilla. Encendimos ambos puchos, y nos dedicamos a observar el humo que ascendía.
Me miró fijamente, y me abrazó con fuerza, dándome un beso en la otra mejilla. Me dijo al oído: - acompáñame a comprar cigarrillos a lo del gallego.
Nos incorporamos, deposité la cajilla vacía en el cordón de la vereda, como estatua de homenaje al pasado, y emprendimos la marcha.
Al caminar sabía que tenía el rostro radiante de nostalgiosa alegría como me gustaba, y que estos puchos en un doble sentido me iban a terminar matando.

Gonzalo Menéndez Baisón.

gonzalomenendez79@hotmail.com

1 comentario:

  1. Bueno, al fin pude llegar. Empecé de abajo, por aquello de "crece desde el pie..." Ya iré trepándome por los muros de tus letras.

    Ah, a veces el amor puede ser perjudicial para la salud, pero el MSP sigue eludiendo la responsabilidad que le corresponde.

    ;-)

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